Stories of a Hotelie: La Condena del Autónomo y II
No ha mucho tiempo hubo un político de cuyo nombre no quiero acordarme que esgrimía como uno de sus principios rectores la defensa del autónomo. No tardó demasiado el susodicho en hacer mutis por el foro. Y ahí acabó la esperanza del autónomo.En los día de la pandemia y post pandemia las administraciones públicas obligaron a los autónomos a cerrar sus negocios, sobre todo en la hostelería, y en muchos casos aquellos cierres temporales se convirtieron en cierres definitivos por hundimiento de dichas pymes.El Estado respondió con algunas ayudas, pero hete aquí que en una campaña de renovada caza al autónomo se les lleva exigiendo todo tipo de requerimientos para conseguir mantener tales dádivas, a diferencia de lo sucedido en países de nuestro entorno.Muchos de los beneficiarios eran autónomos societarios en empresas posteriormente concursadas y liquidadas; nada mejor que requerirles para que aporten documentación que no tienen.A otros, que no son autónomos desde hace años y cuyas sociedades ya no existen, se les notifica en su antiguo domicilio social o en la gestoría con la que ya no trabajan.Y cuando a un pobre ex autónomo, condenado por falta de respuesta, se le ocurre decir que se le debía haber notificado por vía digital, según la ley de procedimiento administrativo de 2015, la respuesta oficial es que un autónomo no tiene derecho a elegir por dónde se le debe notificar.¿Qué me dice? No puede ser. Pues sí, eso parece. ¿Y un ex autónomo? ¡Eso no existe señor mío, un autónomo lo es de por vida! ¡Faltaría más! ¡Pues no hay pocos autónomos, que prevaliéndose de su inclinación natural al mal, se esconden bajo el disfraz del régimen general de la seguridad social para despistar…!Pues eso: la condena del autónomo.
