Stories of a hotelie: morir de amor

Mariano José de Larra, insigne literato español del XIX, describía en uno de sus artículos “Vuelva usted mañana” la depurada galbana de la que hacían gala los servidores públicos de entonces. Henos aquí un par de siglos después y se puede decir que lo que observa un ciudadano corriente, al otro lado de la ventanilla, es un paisaje que no ha cambiado gran cosa respecto del descrito por Larra.
Es algo en lo que no debemos ser los únicos, pues surgen movimientos al otro lado del Atlántico, como reacción ante la desmesurada presencia de las administraciones públicas: la ya famosa motosierra del presidente Milei, o el frenesí adelgazante del presidente Trump y su coadyuvante Elon Musk.
Y la verdad es que las organizaciones, especialmente las públicas -como dijo aquella política “es que el dinero público no es de nadie” (sic)- tienden a engordar como los humanos inactivos, y con gran facilidad crean primero el cargo y luego la función. Al respecto existe un proverbio muy oportuno en lengua inglesa que dice: “too many cooks spoil the broth”, o demasiados cocineros estropean el caldo. Es algo que tenemos que reconocer los actores del sector de la hospitalidad, pero que muy bien puede extenderse a otros sectores.
En fin, quiero creer, que mi admirado Larra, se suicidase en verdad por amor, como romántico absoluto que era, y no como a veces se me ocurre pensar envuelto en una maraña, una espiral sin fin de procedimientos burocráticos como los que ahora siguen poniendo trabas a la libre empresa y por tanto al crecimiento económico.

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